Opinión

Somatización, cuando la mente enferma al cuerpo

Verónica Gallardo C.

veronicagallardo.chi@gmail.com

La cultura tradicional en Oriente se enfoca en la Unidad. Mente, cuerpo y espíritu comprendidos como un todo. Sin embargo, en la cultura Occidental la fragmentación y la división son la norma. No es raro entonces que nuestro modo de percibir al ser humano sea también fragmentado. Mente, cuerpo y espíritu se comprenden como fragmentos individuales. Aún así, en el día a día se demuestra lo contrario. Nichiren, un icónico monje budista, dijo: “Una persona puede conocer la mente de otra al escuchar su voz. Esto es porque el aspecto físico revela el aspecto espiritual”. Algo tan cotidiano como la risa o el llanto, si se analiza un poco más allá de la superficie, son expresiones físicas y tangibles de una realidad emocional intangible. Mi cuerpo manifiesta con lágrimas el malestar que se gesta a nivel emocional. El estado anímico de una persona se puede ver manifestado en su apariencia física, pero también en su estado de salud. La depresión no solamente afecta al estado de ánimo, sino que ocasiona a su vez una disminución de las defensas del organismo tornándonos vulnerables a varias afecciones físicas.

¿Por qué entonces tener una noción fragmentada de cuerpo, mente y espíritu?

Las enfermedades por somatización se encuentran dentro de la categoría de Trastornos Somatofórmos en el manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM) y pueden comprenderse como un diagnóstico de tipo psiquiátrico correspondiente a pacientes aquejados por dolencias persistentes y crónicas que no tienen una génesis física identificable.  Al no ser el cuerpo el generador de la enfermedad el origen es atribuido a procesos psicológicos subyacentes. En la actualidad se puede comprender que el cuerpo es una extensión de la mente, por lo que los procesos mentales están estrechamente relacionados con ciertas manifestaciones corporales. Por ejemplo, el estrés está relacionado con varias enfermedades respiratorias como las alergias y el asma; además de afecciones de la piel como las úlceras e incluso el cáncer.

Comprendiendo la unidad del ser humano deberíamos tener una aproximación unitaria hacia la salud. La salud no ocurre sólo a nivel físico, por lo que las enfermedades tampoco deben tratarse solamente en este nivel. Somos una delicada interconexión de mente, cuerpo y espíritu. Sanar a nivel físico es tan sólo una parte de la labor de sanación integral, por lo que no debemos descuidar mente y espíritu. La medicina en la actualidad se encuentra explorando las delicadas conexiones entre el cuerpo y la mente. El budismo, como parte de su filosofía, reconoce a ambas partes como una sola manifestación de la energía vital inherente al ser humano. Si prestáramos atención a nuestro cuerpo y comprendiéramos que las enfermedades o dolencias que manifiesta van más allá de lo físico, quizás la aproximación que podamos tener hacia la sanación cambie. El cuerpo nos da las pautas para que sanemos algo que llevamos muy dentro de nosotros. El desafío, en esta sociedad que se encuentra habituada a mirar hacia fuera, es tan sólo mirar hacia adentro.