Opinión

Venezuela: tormenta perfecta

Américo Martín

@AmericoMartin

Diario El Nuevo Herald de Miami

Las elecciones de Ecuador tienen una importancia especial porque aun cuando el partido del presidente Correa, Alianza País, lidera las encuestas, parece difícil la victoria de su candidato, Lenin Moreno, en la primera vuelta. Si se confirmara el criterio de las consultoras, y hubiera balotaje su suerte, pienso, estaría atada al caudal de Izquierda Unida, sostén de Alianza Nacional, que postuló al general Paco Montaño.

Escoltando a Moreno figuran Cynthia Viteri del Partido Socialcristiano y el liberal Guillermo Lasso, fundador de CREO. Ambos son centristas, aperturistas, contrarios al populismo y por lo tanto puede esperarse que se unan en la segunda vuelta. La declinación confirmada de Correa es ya un hecho notable, dada la propensión a la reelección eterna que fue una “línea” iniciada por el padre de la ALBA, fielmente seguida por Ortega y Evo, aunque éste probablemente no pueda lograrlo. Pero la gestión de Correa, con todo y su talante autoritario, se había venido desasiendo de la dependencia chavo-madurista. Y como Izquierda Unida tampoco está en plan de insistir en el ostensible fracaso del modelo socialista siglo XXI, casi con certeza puede anunciarse que Ecuador entrará con fuerza en la tendencia general que observa el conjunto de América Latina.

Pensaba consagrar el resto de esta columna a las implicaciones de la prueba electoral ecuatoriana del domingo 19, pero Maduro no deja que lo perdamos de vista. Digamos, más bien, que su vicepresidente ejecutivo, el señor Tarek El Aissami, no da espacio para nada que no sea la frontal acusación implícita en la decisión de la Oficina para el Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro de EEUU (Ofac) de declararlo “narcotraficante especialmente designado”, con el visto bueno de los dos partidos del Congreso y el la opinión general, que venía presionando medidas de ese tipo.

En un país hundido hasta las orejas en una crisis que no deja de profundizarse, manchada por acusaciones de corrupción y dictadura estallando como úlceras malolientes por todas partes, la brusca alteración de la relación con EEUU y casi todo el Hemisferio, tendrá por fuerza implicaciones severas. La posibilidad del cambio venezolano hacia la democracia se visualiza en el horizonte cercano, no obstante las demasías represivas y los equívocos en la oposición, la que, pese a seguir creciendo no logra entonar su respuesta.

Se desagua el gobierno de Maduro-Aissami (y probablemente Diosdado Cabello). Es un desierto sin presente ni futuro. A los pronósticos acumulados que elevan a alturas de vértigo el rechazo interno de los venezolanos, sin precedentes desde la caída de la dictadura militar de Pérez Jiménez, se unen las calificadas estimaciones sobre el desplome económico y la tragedia social del país. Se percibe también un acelerado retroceso en la valoración latinoamericana del desempeño del presidente Maduro. La muy reconocida “Ipsos Public Affairs” en encuesta especializada para determinar el porcentaje de apreciación de los presidentes de América Latina, coloca al de Venezuela en el peor lugar en índice de rechazo. Imagen Positiva: apenas 6%, frente a 12% el año anterior. Negativa: ¡91%!

En contraste –siempre según Ipsos–, los presidentes más acreditados son: Juan Manuel Santos, 74% (ayudado por su bien recibida negociación de paz), Tabaré Vásquez 70%, Mauricio Macri 64% y Pedro Pablo Kucynski (PPK) 66%.

El desesperado intento madurista de evitar la consulta electoral, cualquiera de ellas, comenzando con la inminente: la de gobernadores, no ha hecho sino empeorar la situación del Poder. En todas partes se repite lo mismo: elecciones creíbles, libertad de los presos políticos y el rosario de reclamos democráticos y sociales de la agenda ineludible.

Es casi un suicidio refugiarse en la vesánica represión que se alimenta de sí misma, en preferir la bayoneta en lugar del voto, o descansar en la creencia de que los desacuerdos en la MUD retardarán lo que ya está escrito en el Libro del Tiempo. Los detractores de esa estructura unitaria, basada en la diversidad, terminarán aceptando que hoy más que nunca, lo procedente es sumar y multiplicar y no restar y dividir. Eso es válido igualmente para el enorme potencial disidente que ha comenzado a despertar y muestra fuerte inclinación a cambiar la desastrosa situación en la que la cúpula del régimen nos ha hundido.

Es lo más fresco de la palpitante realidad. Ustedes, señores del Poder, deberían ponderarlo con serenidad pero no lo hacen embargados como están en una angustia irracional. Es, por supuesto, el deterioro acelerado del cimiento político que sostiene esta caótica gestión. De eso se ha hablado durante mucho tiempo, pero más en forma legítimamente especulativa que invocando hechos tangibles de la realidad.

Créanme, señores: el poder está desapareciendo bajo sus zapatos. Es auspiciosa la expansión de la disidencia en el PSUV y el Gran Polo Patriótico (GPP), organizaciones que los han sostenido con más vigor del que merecen. La confluencia de corrientes en el incierto panorama venezolano ensanchará el potencial del cambio pacífico, democrático, constitucional y electoral, en el marco de estricto respeto a las plurales corrientes ideológicas que lo impulsen. Un cambio así favorece a todos. Ustedes se despedirán del mando, pero conservarán sus derechos ciudadanos, y podrían permanecer en el juego democrático al amparo de la Constitución.

Al ilegalizar a los partidos del GPP, al igual que a los partidos de la MUD, y al bloquear salidas pacíficas y electorales, ustedes, gestores de la profunda crisis que nos abruma, proporcionan el alma y la sangre de la confluencia nacional que nos permitirá avanzar hacia la construcción de un gran país, modelo de desarrollo, de convivencia pacífica y de probidad.

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