Sábado, 23 de Junio del 2018. Guayaquil, Ecuador
Opinión
opinion-la nacion

13 enero, 2018

Venezuela: hipocresía y vergüenzas otra vez

Debería más bien decir que perduran las vergüenzas por tanta hipocresía en algunos que además ejercen como paladines en esta Venezuela que ya regamos solo con llanto ante tanta malaventura. Pero es el título y es la verdad. Imposible ver otro panorama. Simplemente tenemos imperecederos "opositores" cómplices, engreídos buenos para nada que no sean sus intereses, sus cálculos y sus ruindades. "Eminencias" que son nulidades engreídas integrantes de un gran combo que toca melodías gratas a los sátrapas que están en el poder, pero incapaces de ejecutar un réquiem para tantos cientos de miles de muertos a los que se despojó de todo…

A un pobretólogo y a un bigote "medianamente imparcial" tocó protagonizar. Ambos salieron prestos a silenciar a quienes con argumentos sólidos y no con marramuncias ni bribonadas piden a gritos ayuda para poner fin a esta tragedia que en breve tendrá 19 años y un balance de muertes, ruina y horror impensable en lo que fue un país de libertades y democracia. Ambos figurones de otra banda, otra pandilla que cínicamente se ha vendido como alternativa y vía para nuestra liberación. Un pobretólogo de apellido España convencido de que, para impactar como un experto en pobreza, parecer un "recoge lata" le hace buena parte de la tarea, y sale casi con mandarria en mano a querer tragarse a una personalidad académica mundial que con toda propiedad plantea la necesidad de ayuda internacional de países democráticos para salir de un régimen canalla que ha impulsado la invasión más terrible de cubanos castrocomunistas, rusos, chinos e iraníes, y cárteles internacionales de la droga y terroristas de muchas partes, en especial del Medio Oriente.

Así el pobretólogo saltó a querer descalificar al doctor Ricardo Hausmann con necios argumentos sobre lo que considera "problemas que le genera" y los enumera: "1. Los venezolanos no pueden con su problema. 2. Un director de estudios de Harvard opina igual que ignorantes criollos. 3. Las evidencias empíricas son haladas de los pelos". Y claro, de inmediato otros se tiraron al ruedo como esos espontáneos chinchurrios en tardes de toros bravíos. Uno salió y escupió esta lindeza: "Falsos dilemas, producto de una percepción equivocada de la realidad, los planteados por este señor. Qué fastidio con este aguacero de estupideces de quienes ahora deliran con una coalición militar mundial. Dios nos agarre confesados".

Y qué tétrico que tengamos que padecer a tanto cómplice que sigue aplaudiendo las invasiones que sufre Venezuela, porque esas sí que los hacen felices, y no les preocupa ni duele lo que Hausmann puntualiza del drama cuando apunta al inicio de su artículo: "La crisis de Venezuela está pasando, inexorablemente, de ser catastrófica a ser inimaginable. El nivel de miseria, sufrimiento humano y destrucción ha llegado a un punto en que la comunidad internacional debe repensar cómo puede ayudar", y termina de enfurecerles un argumento tan sencillo y contundente: "Entre 1940 y 1944, Francia, Bélgica y los Países Bajos no lograron liberarse de un régimen opresivo sin una acción militar internacional".

Todo confirma que a los que ninguna prisa tienen por poner punto final a esta tragedia les gusta el régimen, les agrada su ideología y los hermana el antiamericanismo. Son los que jamás se plantearían entre otras necesarias interrogantes preguntarles a los panameños qué le sucedió a ese país después de que depusieron y se llevaron a una cárcel norteamericana al narco Noriega. Los que algún grueso beneficio tanto a sus carteras y resentimientos como a sus mediocridades les brinda la permanencia en el poder de una banda castrocomunista letal. Los que se ven per saecula saeculorum viajando periódicamente a "dialogar" mientras más y más víctimas, tanto del régimen como de ellos, mueren de hambre, mengua, violencia o emprenden la huida de un país guarida, tanto de los narcochoros como de los partners que los acompañan en la funesta farsa.

Uno de ellos tan tranquilazo al decir: "Es indispensable meter al país en un ambiente electoral y que la presión internacional se enfoque en ayudarnos a tener un CNE medianamente imparcial y una fecha razonable. Lo demás es paja". Le pregunto: "¿Y los nuevos centros de votación piensa usted ponerlos en los basureros hoy tan concurridos por electores hambrientos?". Allí, señor Raffalli, el "ambiente electoral" con seguridad llenará sus expectativas, que definitivamente sí que son ¡paja!

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.