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Turismo
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9 junio, 2018

San Petersburgo, la ciudad de los palacios y las noches blancas

Comienzan las noches blancas en San Petersburgo y celebra el noroeste de Rusia: hasta los inviernos más crudos alguna vez se terminan. Después de largos meses de nieve y lluvia, de bruma y viento, por fin el río Neva y los canales se descongelan, los puentes levadizos dejan pasar hacia la medianoche a los barcos mercantes con rumbo al mar Báltico, los habitantes disfrutan de los festivales al aire libre.

Fundada en 1703 por el zar Pedro el Grande, la ciudad más europea de Rusia se encuentra tan cerca del Círculo Polar que nunca oscurece del todo desde fines de mayo hasta principios de julio, ya que el sol no pasa por debajo del horizonte.

En estos tiempos de noches blancas (quizá no exista otro fenómeno atmosférico con un nombre más poético), los prolongados ocasos rosados seguidos por madrugadas azuladas y amaneceres dorados fueron y serán fuente de inspiración para escritores y artistas. Y en la misma sintonía, los palacios a la vera de los ríos, los puentes y las cúpulas han sido el escenario recurrente de joyas y clásicos de la literatura.

Clave en la historia del país más extenso del mundo -y del mapa político, económico y sociocultural del siglo XX-, San Petersburgo fue creada en el golfo de Finlandia, cuando Pedro I buscaba un lugar para levantar una fortaleza contra los suecos. Frente a la red de más de 40 islas del delta del Neva, inundable y con un clima inhóspito, el zar afirmó en 1703: “Aquí habrá una ciudad”. Habitadas por lobos y osos, las tierras pantanosas -donde el río Neva desemboca en el mar Báltico- pertenecían a los suecos, a quienes los rusos vencieron en 1710 y aseguraron su salida al mar.

Entonces, no sólo construyeron la Fortaleza de San Pedro y San Pablo sino que trajeron 250 mil soldados y siervos de Siberia y el Cáucaso para trazar caminos y construir palacios.

Clarín