Lunes, 20 de Agosto del 2018. Guayaquil, Ecuador
Opinión
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10 agosto, 2018

CON SABOR A MORALEJA: LA SOTANA ACÓLITA    

Bridget Gibbs

adonairey@hotmail.com

El 2 de agosto, el Papa envió un mensaje de su puño y letra en un ejemplar de un libro “La verdad vencerá” (frase predilecta de los ladrones) que compila algunas entrevistas al expresidente Lula, pidiéndole que rece por él. ¿Qué rece? Sí, que un socialista reo que cumple una condena de 12 años y un mes por haber participado en la operación Lava Jato, la mayor red de corrupción en Brasil, eleve oraciones por Bergoglio. ¡Qué petición más surrealista!

Cuando Francisco fue elegido Papa, los Kirchner pasaron de señalarlo como un “colaborador de dictaduras” a verlo como el argentino más importante de todos los tiempos. Sin embargo, su simpatía por los gobiernos socialistas autoritarios, así como su rechazo para recibir a las víctimas del castrismo y su silencio e insensibilidad ante la crueldad de los regímenes en Nicaragua y Venezuela, le han granjeado duras críticas. Sobre los ataques del gobierno sandinista hacia los obispos y curas por defender a la población nicaragüense, no se ha pronunciado. En cambio, sí demuestra preocupación por la “persecución política” a la que están sometidos varios líderes y funcionarios en nuestro país.

Su perfil ideológico es antagónico a su sonrisa bonachona y a la figura divina que representa para los católicos. Sin ánimo de ofender a los creyentes, ha demostrado una actitud poco cristiana. A fines de 2013, el Papa dio a conocer un manifiesto político-religioso llamado “Alegría del Evangelio” en el cual exhorta a los gobernantes a considerar las palabras de San Juan Crisóstomo, que dijo: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que poseemos sino los suyos”. ¿Por qué entonces no reparte entre los pobres las riquezas que alberga celosamente el Vaticano? ¿Por qué sigue permitiendo que la religión católica negocie con la fe de los creyentes?

Algunos se preguntarán: ¿Qué se puede esperar de un Papa que se toma selfies con tiranos disfrazados de presidentes; que compagina con cleptómanos del SSXXI contradiciendo la línea de la Iglesia Católica de respeto a los DDHH; que defiende a un obispo encubridor y a un cura pederasta chilenos? Para concluir, la pregunta sería: ¿Está al frente de la Iglesia Católica alguien que vela por los necesitados o por sus propios intereses? “Por sus frutos los conoceréis”, dijo San Mateo.

La sotana acólita se pasea por el mundo y, cuando le conviene, no ve, no oye, no entiende y se desentiende…

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