Sábado, 23 de Junio del 2018. Guayaquil, Ecuador
Opinión
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16 abril, 2018

El riesgo de que la lucha anticorrupciA?n afecte la gobernabilidad

Sergio Berensztein

Diario La NaciA?n Argentina

Luego de largas dA�cadas de encendida retA?rica integracionista, los paA�ses de AmA�rica Latina carecen aA?n de mecanismos mA�nimos de coordinaciA?n en A?reas vitales de polA�tica pA?blica, no solo en materia comercial, financiera, fiscal, de defensa e infraestructura. Venezuela se desangra en la peor crisis humanitaria no generada por un desastre natural de las A?ltimas dA�cadas, frente a la impotencia y la inacciA?n de sus vecinos, que seguramente consensuarA?n durante la Cumbre de las AmA�ricas que empieza hoy, en Lima, una declaraciA?n de condena tan dura como irrelevante al rA�gimen de Maduro, ausente con aviso, ya que fue especA�ficamente excluido del evento por sus reiteradas violaciones de los derechos humanos.

Una sensaciA?n de frustraciA?n similar podrA�a surgir cuando evaluemos los resultados concretos de esta nueva reuniA?n de mandatarios regionales, dedicada nada menos que a la "gobernabilidad democrA?tica frente a la corrupciA?n".

En primer lugar, porque la propia formulaciA?n ignora un hecho histA?rico tan doloroso como real: como ocurriA? con muchos paA�ses europeos que fueron espejo de nuestras transiciones a la democracia, como Italia o EspaA�a, la corrupciA?n constituyA?, lejos de un obstA?culo para su consolidaciA?n, uno de los mecanismos de cooperaciA?n mA?s potentes, en el sentido de modificar prA?cticas arraigadas dentro de las respectivas elites nacionales (polA�ticas, econA?micas y sociales).

No es el A?nico motivo que explica el "A�xito" de estas transiciones: los manejos presupuestarios tambiA�n promovieron fuertes estA�mulos para formar parte del nuevo juego democrA?tico. Por eso el gasto pA?blico tendiA? a incrementarse en prA?cticamente todos los casos.

Sin embargo, el uso polA�tico de la corrupciA?n implicA? una innovaciA?n que discontinuA? dA�cadas de inestabilidad institucional y reversiones autoritarias. De este modo, fue posible desandar las lA?gicas de confrontaciA?n intensa, el divisionismo, la polarizaciA?n y la interrupciA?n de la continuidad institucional con golpes militares. En vez de desplazarse del poder con la intervenciA?n de actores "ajenos" al sistema, las elites polA�ticas comenzaron a alternarse y compartir el poder con las mieles aparejadas, tanto formales (vA�a presupuestaria) como informales (vA�a la corrupciA?n).

Primera conclusiA?n: la corrupciA?n no es un fenA?meno exA?geno a la gobernabilidad democrA?tica, tal como fue histA?ricamente concebida en las A?ltimas dA�cadas de desarrollo polA�tico latinoamericano. Por el contrario, es endA?gena, inherente, parte integrante del arsenal de recursos que hizo posible que nuestras elites se convencieran de que les convenA�a jugar, individual y colectivamente, el nuevo juego de la competencia electoral y las reglas constitucionales, sistemA?ticamente ignoradas hasta hace tres dA�cadas y media.

En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, los participantes de la cumbre de Lima en general carecen de la reputaciA?n, las credenciales y la autoridad moral para formular propuestas creA�bles y sustantivas, mA?s allA? de cierto voluntarismo o de impulsos personales para revertir la inercia de tantas dA�cadas de desidia y descontrol. Casi todos los mandatarios participantes estA?n sospechados de corrupciA?n o acumulan denuncias en ese sentido, incluyendo a los que tuvieron trayectorias diferentes a los polA�ticos tradicionales, como Horacio CartA�s, Mauricio Macri o SebastiA?n PiA�era, que vienen del sector privado y utilizaron el fA?tbol como trampolA�n para la arena pA?blica.

Es que ambos A?mbitos, el empresarial y el deportivo, no fueron ajenos al fenA?meno de la corrupciA?n. Alimentaron ese cA�rculo vicioso que explica al menos parcialmente la rA?pida "democratizaciA?n" de las burguesA�as nacionales: tambiA�n ellas habA�an apostado sistemA?ticamente a las aventuras militaristas autoritarias y obtenido pingA?es ventajas. Lo siguieron haciendo en el contexto de los nuevos regA�menes democrA?ticos, que generalmente mantuvieron el capitalismo de amigos y las transferencia de rentas y cuasi rentas incluso a empresas transnacionales. Pronto descubrieron que las recuperadas democracias podA�an brindar los mismos privilegios. Incluso muchos mA?s. La mayorA�a de los gobiernos militares, con la parcial excepciA?n de la dictadura de Pinochet, demostraron ser bastante inoperantes en tA�rminos econA?micos, en especial para establecer entornos macroeconA?micos estables y un clima de negocios previsible.

Es cierto que en algunos casos los proyectos autoritarios desarrollistas beneficiaron a las clases empresariales locales en materia financiera y de proteccionismo. Brasil y la edad de oro del PRI en MA�xico, previo al default de 1982, son dos ejemplos. Pero los desaguisados macroeconA?micos los distanciaron de las elites econA?micas a las que habA�an favorecido y de las que habA�an obtenido apoyo en un contexto tan discrecional como poco transparente.

Sorprendieron entonces los nuevos demA?cratas con su flexibilidad para abrazar, particularmente en la dA�cada del 90, el nuevo credo promercado. AsA�, la agenda de reformas econA?micas sirviA? tambiA�n como excusa para limitar la influencia de las viejas elites autoritarias. Ese fue sobre todo el caso de la Argentina, que prA?cticamente desmantelA? sus Fuerzas Armadas (como pone de manifiesto la tragedia del ARA San Juan).

Segunda conclusiA?n: los vA�nculos pA?blico-privados no fueron ajenos a las prA?cticas corruptas, sino que constituyeron un componente fundamental. Esto ocurriA? tanto bajo gobiernos autoritarios como en las experiencias democrA?ticas que tuvieron lugar en las A?ltimas dA�cadas.

A?CA?mo se rompen inercias y comportamientos tan arraigados? A?CA?mo se modifican prA?cticas y (dis) valores que han permeado en amplios espacios institucionales e influido en las decisiones de los principales protagonistas de la vida polA�tica nacional? Interrogantes cruciales sin respuestas sencillas.

En especial, a la luz del avance de las investigaciones judiciales en Brasil: si miramos a nuestro vecino en el espejo de Italia, el colapso de un rA�gimen polA�tico estructurado en torno a la corrupciA?n (como lo demostraron el Mani Pulite y el Lava Jato), lejos de contribuir a la gobernabilidad democrA?tica, puede derivar en un ciclo de inestabilidad estructural y de oportunidades para que las fuerzas extrasistA�micas (populistas, autoritarias, claramente antidemocrA?ticas) vuelvan a prevalecer.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.A�