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1 septiembre, 2018

Primrose Hill 2.0: los nuevos hijos del ‘rock and roll’

Bautizada Primrose Hill set en honor a ese barrio acomodado pero bohemio del noroeste de Londres del que todos eran vecinos (de tanto usarlo, el sobrenombre llegó a tener hasta sus propias siglas, PHS), la pandilla de celebridades que obsesionó a los tabloides británicos a mediados de los noventa por su estilo de vida hedonista contaba entre sus miembros a la supermodelo que definió la década, Kate Moss; a actores carismáticos como Jude Law (casado entonces con Sadie Frost), Ewan McGregor o Jonny Lee Miller (el primer marido de Angelina Jolie); o a los líderes del britpop, con los hermanos Gallagher, de Oasis, a la cabeza. De hecho, Supernova Heights, la casa de Noel Gallagher y su primera mujer, Meg Matthews, estaba considerada el cuartel general de la PHS.

Mucho antes de que las redes sociales se convirtieran en una herramienta para tener a los famosos monitorizados, las juergas salvajes de este grupo de gente joven, guapa, rebelde y exitosa eran oro puro para los titulares de la época, y la reputación del clan —ratificada después por algunos de sus integrantes en entrevistas o autobiografías reveladoras— personificaba como ninguna otra el mantra “sexo, drogas y rock and roll”. Lo cierto es que hacían mucho más que salir de fiesta: triunfadores hechos a sí mismos, si lograron dominar la escena creativa del momento fue sobre todo a base de ganas y talento. Los excesos eran solo una parte de la historia.

Han pasado 20 años de aquello y una nueva generación ha tomado el relevo. Apodados Primrose Hill set 2.0., estos hijos e hijas del rock and roll también representan a la perfección las peculiaridades de su propio tiempo. Pero a diferencia de sus padres, que defendían su privacidad con uñas y dientes, ellos utilizan la visibilidad de plataformas como Instagram para hacer carrera. Y la combinación de tirón en las redes y un apellido icónico se ha convertido en su pasaporte al éxito, sobre todo en la industria de la moda, que no oculta su fascinación por los “hijos de”.

Los dos hijos mayores de Jude Law y Sadie Frost son un ejemplo paradigmático. Rafferty, de 21 años, se considera músico y tuvo una banda con Marley Mackey, hijo del bajista de Pulp. Además, es uno de los fundadores de Something to Hate On, un colectivo de jóvenes creadores que aspira a convertir en un sello musical independiente.Pero su curriculum como modelo es mucho más abultado: ha desfilado para Dolce & Gabbana en varias ocasiones y aparece en su campaña de otoño-invierno 2018; ha colaborado con Hugo Boss, Timberland o DKNY, y el primero de sus muchos editoriales se remonta a un Vogue británico de 2012. Por su parte, Iris Law, además de tener a Kate Moss como madrina y 135.000 seguidores en Instagram, es imagen de Burberry Beauty y ha sido fotografiada en VogueInterviewJalouse o W. Y todo ello sin haber cumplido aún la mayoría de edad.

Los nuevos Gallagher también piden paso. Con 18 años y más de 109.000 followers, Lennon Gallagher está representado por tres agencias de modelos distintas. Tras foguearse con Topman, MSGM o G-Star, el hijo de Liam GallagherPatsy Kensit ya juega en las grandes ligas: ha desfilado para Lanvin, Comme des Garçons y, más recientemente Yves Saint Laurent, y protagoniza la campaña de otoño-invierno 2018 de esta última firma. Además, ha sido portada de varias revistas. En una de ellas, la de Buffalo Zine, la estilista tuvo la ocurrencia de colocarle una camiseta del grupo Blur, lo que le supuso a Lennon un rapapolvo público de su padre, conocido por sus exabruptos explosivos.

Con su misma edad y 154.000 seguidores, su prima Anais Gallagher (hija de Noel Gallagher y Meg Matthews) tiene un perfil más activista, colabora con PETA y se define como fotógrafa, pero también ha trabajado con marcas como Accesorize, Mulberry o Reebok, y ha desfilado para Dolce & Gabbana. Además, acaba de ser fichada por la web de la revista Tatler (considerada la biblia de la alta sociedad británica) como colaboradora de moda. Precisamente en el número de agosto de esta publicación, que le dedica la portada, la joven habla de la “profunda conexión” que une a los hijos de la pandilla de la Primrose Hill.

Sin embargo, aunque varios de los descendientes de aquella pandilla se mueven en los mismos círculos —y en las mismas front rows— sus padres, salvo escasas excepciones, parecen haber perdido todo contacto. La mayoría de las parejas se rompieron; si los hermanos Gallagher se dirigen la palabra normalmente es para insultarse, y casi todos han dado la espalda a los excesos de entonces y predican un estilo de vida saludable.

El retrato más sombrío de aquellos años lo ofrece All that Glitters, la autobiografía que la cantante Pearl Lowe publicó en 2007. Madre de la modelo Daisy Lowe (fruto de una breve aventura con Gavin Rossdale, exmarido de Gwen Stefani) y casada con Danny Goffey, el batería de Supergrass (los apodaron “los Beckham indies”), en el libro narraba con todo lujo de detalles el descenso a los infiernos que le supuso su adicción a la cocaína y la heroína, y desmitificaba el aura cool de su expandilla. En una entrevista con The Guardian lo explicaba con una enorme crudeza: “Una vez leí un artículo con el titular 'Quiero pertenecer al mundo de Pearl' y pensé: '¿A qué mundo? ¿Al de irse a la cama llorando cada noche y querer cortarse las venas?”.

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