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Emprendedores
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29 julio, 2018

Él paso de estibador a dueño de una cadena comercial

A pesar de que sus familiares y empleados lo describen como una persona alegre, sonreír frente a una cámara le cuesta trabajo. Pedro Caranqui, propietario de la cadena de almacenes Total Home, dice que no está acostumbrado a las fotografías, pero sí al trabajo duro y al emprendimiento.

Él es oriundo de la comunidad Lluise, en Riobamba. En 1983 ayudaba a su familia con las tareas del campo, pero cuando contrajo matrimonio, con Casimira Pinta, decidió migrar a Quito para iniciar una nueva vida.

Su historia en el mundo de los negocios se inició en el mercado San Roque, donde su esposa vendía verduras. Debido a su falta de preparación académica, Pedro trabajaba como estibador.

“Cuando salimos de la comunidad con la idea de iniciar nuestro hogar, no nos imaginamos que sería tan difícil. No encontrábamos otro trabajo”, recuerda Caranqui.

Sin embargo, él encontró la forma de añadirle un ‘plus’ a sus servicios. La amabilidad al saludar, la buena presentación y la eficacia al llevar los productos que llegaban en camiones de gran tamaño le ayudaron a ganarse la confianza de los propietarios de las cargas.

Así obtuvo su primer empleo formal. Una importante comercializadora de frutas de Ambato le contrató para distribuir los productos en los mercados de Quito, y en poco tiempo Caranqui se convirtió en el vendedor estrella. 

“Lograba vender hasta dos camiones enteros, ya todos me conocían. Pero mi suerte se terminó un feriado de Navidad, cuando no había ningún comprador en las calles y una carga grande de mandarinas se pudrió, quisieron que yo me hiciera responsable y tuve que renunciar”, recuerda.

Con la pérdida de su empleo descubrió nuevos talentos: sabía cómo liderar. Pasó por varios empleos después, pero simultáneamente emprendió junto a su esposa un negocio propio.

Para 1985 ya se habían establecido en Santo Domingo y se dedicaban a la venta de ropa infantil y colchas. Caranqui manejaba un pequeño triciclo y se encargaba de distribuir las prendas en toda la ciudad: las daba a crédito.

A pesar de que el negocio prosperó, tuvo que mudarse nuevamente con su familia debido a que el clima de la Costa perjudicaba la salud de su esposa. De regreso en Riobamba, la familia tuvo que empezar nuevamente desde cero.

Tras el fracaso de una tienda de abasto, Pedro retomó el negocio de la venta de ropa a domicilio y a crédito. Nuevamente ganó la confianza de sus clientes, quienes ya no solo le pedían ropa sino que también trajera ollas y pequeños electrodomésticos.

Así encontró un nicho de mercado que le obligó a capacitarse en un área desconocida para él. Humberto Ayala, su proveedor y mentor, le enseñó todas las tácticas de venta, además aprendió a operar electrodomésticos que él nunca había tenido en su hogar, como refrigeradoras, cocinas eléctricas y microondas.

“Él me permitía ir a su almacén, porque yo no tenía uno propio. Me dijo que lo mostrara a mis clientes como si fuera mío, y me enseñó todo acerca del negocio”, cuenta.

En el 2004 Pedro y su familia invirtieron USD 5 000 de sus ahorros y abrieron su primer local, Electrodomésticos Johannita. Medía seis metros de largo y dos de ancho, pero a pesar de la estrechez, se volvió uno de los más prósperos de la zona debido a que ofrecía facilidades de crédito y entregas a domicilio.

En solo dos años la familia llegó a tener 10 sucursales funcionando simultáneamente. Para el 2012 los tres hijos de Pedro (Myriam, Stalin y Johanna) ya se habían profesionalizado en áreas relacionadas con las ventas y la contabilidad, y se sumaron a la empresa para aportar sus conocimientos.

Así decidieron cerrar todas las pequeñas sucursales para construir un edificio de cuatro pisos donde se exhibiera toda la mercadería. Se incrementó también una línea de muebles y juguetería.

Las ventas despuntaron y una nueva idea surgió. La familia incursionó en el negocio de los supermercados donde, además de los muebles, se venden productos de hogar y de consumo masivo.

El nuevo supermercado se instaló en un nuevo edificio, inaugurado en el 2016. Actualmente 35 personas trabajan en la empresa.

Pero la familia tiene nuevas metas. Ahora quieren compartir su historia de emprendimientos con otras personas, para impulsarles a progresar, como lo hizo Pedro.

Fabián Benalcázar, uno de sus proveedores, lo conoce desde hace 15 años y fue testigo de su crecimiento empresarial. “Me impactó mucho ver cómo se preocupa por sus empleados, en una cena él los premió, además si alguno de ellos estudia, él les da facilidades para que también progresen”.

RL