Lunes, 16 de Julio del 2018. Guayaquil, Ecuador
Opinión
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12 julio, 2018

Matanza sin sentido

Por Ralph Field

rafacampos1957@hotmail.com

El feminicidio está tomando cuerpo. Y la única respuesta cierta ha sido un silencio de sepulcro. Todos hacemos mutis por el foro. La violencia desmedida ha tomado los cuerpos de más de doscientas mujeres para asestarles el golpe de gracia del maltrato de género y arrebatarles la vida.

Ya es tiempo de preguntarnos si el escenario actual favorece el feminicidio. De que hagamos un mea culpa de si somos cómplices o encubridores de un sistema estructural de opresión, en el que las mujeres están llevando la peor parte. Es válido que cuestionemos todo lo que deba ser cuestionado, si así podemos empezar a detener esta matanza absurda, incomprensible, de nuestras madres, de nuestras hermanas, de nuestras hijas.

Ya perdimos demasiado tiempo y demasiadas vidas. Ya no podemos seguir vistiendo luto por muertes que pudieron ser evitadas. Debemos buscar el modo de ponerle fin a esta serie de crímenes sin sentido, empezando por comprometernos todos a dejar de ser indiferentes y a intervenir decididamente cuando seamos testigos de cualquier forma de maltrato. Cuatro de cada 5 asesinatos de mujeres son feminicidios. Es decir, son asesinadas por su género. Su verdugo, quien ha mantenido o mantiene una relación de pareja, se gradúa de homicida después de probar repetidamente que es un asesino en proceso, y de someter a su víctima a diversos y cruentos episodios de maltrato físico y psicológico. Todo a vista y paciencia de las autoridades y de los vecinos. Debería resultarnos perturbador saber que no hicimos nada o hicimos muy poco para evitar la tragedia.

El feminicidio se castiga hoy con penas de reclusión mucho más severas que antes, aunque en ocasiones la impunidad supera en mañas a la justicia, en particular a la justicia que se autoproclama ciega. Lo grave es que la prevención del delito sigue siendo una materia pendiente, y son evidentes las deficiencias en los procedimientos para aislar o proteger a las víctimas cuando denuncian a sus agresores.

La mujer debe saber que la violencia de género es una transgresión de sus derechos fundamentales, y que esa violación cuando es permitida de manera sistemática puede llevarla a la tumba. Que es de alto riesgo asumir que el maltrato -ya sea físico o sicológico- es una conducta normal, y que debe aprender a reconocer cuando está durmiendo con un enfermo sexista patológico, y pedir ayuda de inmediato para poner a salvo su vida.

Se ha vuelto impostergable crear figuras jurídicas que castiguen con severidad todo el abanico de abusos experimentados por las mujeres, para no tener que lamentar el epílogo del maltrato que es el feminicidio. El gobierno debe comprometerse, de manera genuina, a poner un alto muy enérgico y categórico a la violencia de género, castigando de manera ejemplar a quienes empiezan a transitar por la senda del abuso.

Hay que encender las alarmas sobre esta grave problemática social y buscar las formas más inteligentes y humanas para resolverla. Debemos estar resueltamente decididos a defender la vida y a proteger a nuestras mujeres de cualquier tipo de violencia.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.