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Salud
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6 septiembre, 2018

Los laboratorios que experimentan con animales comienzan a abrir sus puertas

A finales de 2014, el mayor laboratorio con monos de Europa, el Centro de Investigación Biomédica con Primates, en Rijswijk (Países Bajos), abrió sus puertas de manera inédita a un equipo de periodistas de Vice News. El resultado fue un documental de 20 minutos que arrancaba con imágenes de científicos llegando a trabajar en bicicleta entre abucheos de animalistas radicales y gritos de “¡Tenéis sangre en vuestras manos!”. El filme mostraba a investigadores con nombre y apellidos diseccionando monos con bisturí mientras explicaban a cara descubierta por qué este tipo de estudios son todavía insustituibles en la lucha contra enfermedades como el sida, la malaria, la tuberculosis, el párkinson y la hepatitis, que matan a millones de personas cada año en el mundo. El centro neerlandés, con 1.500 primates alojados en sus instalaciones, tiene un enlace al documental en su propia web.

España está todavía muy lejos de este ejemplo de transparencia total de Rijswijk. Hace justo dos años, las principales organizaciones científicas españolas presentaron un acuerdo para acabar con el oscurantismo en la experimentación con animales. Sin embargo, el 20% de las instituciones firmantes reconoce que ni siquiera ha ofrecido la posibilidad de visitar sus animalarios, según un informede la Asociación Europea para la Investigación Animal (EARA) presentado hoy en Madrid. EL PAÍS lleva dos años solicitando autorización para filmar el trabajo de los científicos que investigan con monos en España, sin éxito.

Los investigadores españoles utilizaron unos 910.000 animales por primera vez en 2016 y reutilizaron unos 8.500, sobre todo para investigar el cáncer y las enfermedades cardiovasculares y del sistema nervioso, según el último informe del Ministerio de Agricultura. Para poner las cifras en contexto, en diciembre de 2017 había 30 millones de cerdos destinados a alimentación en España.

La inmensa mayoría de los animales empleados por los científicos son ratones (540.000), peces (169.000), aves de corral (90.000), ratas (55.000) y conejos (28.000). La experimentación con perros (1.083), gatos (358) y macacos (228) es muchísimo más excepcional. Este informe anual es, precisamente, una reminiscencia de la opacidad del pasado, ya que el Ministerio no hace una presentación oficial de los datos y ni siquiera informa de ellos a la prensa, sino que se limita a colgar el documento, impuesto por la UE, en un rincón perdido de su web.

“Hay que tener claro que un animalario no es un zoo ni un circo. Hay condicionantes [para restringir las visitas] por motivos de bioseguridad, por ejemplo”, ha explicado el veterinario Javier Guillén, director para Europa y América Latina de la Asociación Internacional para la Evaluación y Acreditación del Cuidado de Animales de Laboratorio, una organización privada sin ánimo de lucro que promueve “el trato humanitario” de los animales. “Hay instituciones que no han dado el paso [de abrir sus laboratorios] por malas experiencias en el pasado” o “para evitar polémicas con grupos animalistas”, ha reconocido Guillén. Otras, como la farmacéutica GSK, ni siquiera han firmado el acuerdo.

“El miedo está justificado, porque tenemos ejemplos, sobre todo en Europa, de centros de investigación que han sido asaltados, se han abierto jaulas y se han perdido experimentos”, ha lamentado Lluís Montoliu, un científico del Centro Nacional de Biotecnología que utiliza ratones para estudiar enfermedades raras humanas para las que no hay tratamiento, como el albinismo.

El informe de EARA muestra “el evidente y positivo, aunque mejorable” efecto del acuerdo de transparencia, al que ya se han sumado 123 organizaciones españolas. La mitad de ellas han participado en la encuesta de la asociación europea. El análisis muestra que el 79% de las firmantes comunica sus avances científicos en animales y el 63% incluye en su web imágenes de ratones u otras especies utilizadas. El 30% de las instituciones asegura haber recibido la visita de medios de comunicación tras la firma del acuerdo, impulsado por la Confederación de Sociedades Científicas de España.

“Por una precaución mal entendida o unos miedos atávicos se había establecido la política de que si no se habla de una cosa no se generan problemas. Es un craso error”, opina Montoliu, uno de los científicos que más pelea por aumentar la transparencia del sector en España. “Los investigadores somos los primeros que dejaremos de usar animales cuando dejen de ser necesarios, pero esto de momento no es así: siguen siendo necesarios”, subraya. Margarita del Val, investigadora de infecciones virales en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, también se ha mostrado optimista: “La transparencia va a facilitar que todos conozcamos los beneficios tan tremendos de la experimentación animal”.

EL PAÍS