Lunes, 16 de Julio del 2018. Guayaquil, Ecuador
Opinión
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11 julio, 2018

Los extravíos del poder

Por Ralph Field

rafacampos1957@hotmail.com

Hace unos años, vimos a Rafael Correa correr tras una idea revolucionaria. Y poco después lo vimos alejarse de todo: de la familia, de la razón, del derecho. A mitad de su gobierno, nos dimos cuenta que se había extraviado y que, hasta el día de hoy, no ha podido encontrar el camino de regreso a la cordura. El poder lo había enloquecido para siempre.

Puso al país patas arriba. Como en el cuento de El Reino del Revés. En aquellos diez años, la demencia era cordura, el abuso era respeto, el despilfarro era inversión. La izquierda era santa, la derecha era el demonio. En su delirio, fue gobernante, juez y legislador. Se creyó el camino, la verdad y la vida.

Completamente enajenado, se convenció que su mente estaba lúcida, que su corazón ardía de patriotismo y que las manos de la revolución estaban limpias. Creyó que sus decisiones impulsivas -tanto en lo económico como en lo político- le hicieron un gran bien al país. Y todos sabíamos, menos él, que eso era irreal.

Se encerró en la torre de la irracionalidad, de donde no ha podido salir hasta ahora. Los que sí estuvieron conscientes de todo fue su círculo íntimo. Alineados con la revolución por conveniencia, se aprovecharon de su extravío y -como solía decir Fabricio, el hermano mayor- le robaron una y otra vez por el ojo tuerto.

Se le advirtió, con pelos y señales, que la banda presidencial que le rodeaba -no la que se ostenta sobre el pecho, sino la otra-, estaba haciendo travesuras con ventaja y alevosía. Pero hasta el final de sus días como presidente, afirmaba que su gobierno era poco menos que un convento de monjas.

Tras la caída de este imperio de codicia -levantado sobre el engaño, la soberbia, la intimidación y el delirio- supimos lo que ya sabíamos. La corrupción había sido tan intensa y descomunal como su locura. La llamada ‘década ganada’ resultó ser un periodo de decadencia moral, de menoscabo de los principios de justicia, de verdad y de ética. Hoy, el destino de Correa es una camisa de fuerza o un brazalete en el tobillo.

Ahora nos gobierna Moreno, a quien debemos reconocer tres aciertos irrefutables: haber sacado a pasear la verdad, al menos por un instante; instaurar el diálogo sin estridencias; y, convocar a una consulta para devolverle la cordura al Estado.

Pero nadie está exento de enajenarse, de extraviarse en la senda del poder. Y Lenin debe tener cuidado en sus ensayos políticos y filosóficos. Debe calcular bien lo que podría significar la fusión de su física cuántica con elementos altamente explosivos. Si su experimento falla, el laboratorio podría estallarle en sus narices.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.