Lunes, 24 de Septiembre del 2018. Guayaquil, Ecuador
Turismo
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21 agosto, 2018

Los Baños del Carmen de Málaga, recuerdos de una vida nunca vivida

Hasta hace relativamente poco tiempo pasaba una cosa rara con los Baños del Carmen de Málaga. El que llegaba por primera vez, daba igual la hora del día que fuese, siempre tenía la sensación de haber descubierto un gran sitio, un rincón secreto entre un montón de hojarasca, algo insólito, inesperado. Un lugar decadente, con restos de columnas neoclásicas junto al Mediterráneo, y ese olor a viejas rocas bañadas en aguas salinas, restos del monte de San Telmo, dinamitado para llevar a cabo la ampliación del puerto malagueño. Sobre esas ruinas se construyó el balneario a partir de 1918.

El salitre fue poco a poco carcomiendo y oxidando su glamour pero lo revistió de autenticidad y solera, le dio sabor. Un espacio abierto, a la intemperie, donde uno puede elegir una mesa a la que llega la salpicadura de la ola u otra a la que no. E imaginar, entre comidas y bebidas, una vida de mañanas de sol con ropas blancas vaporosas, sombreros ligeros y sombrillas; tardes de tenis y festivales benéficos; y noches de bailes, cócteles dulces, y besos furtivos en la alegre y minúscula playa que prácticamente lo decora. Recuerdos de una vida feliz nunca vivida.

Así era hasta que llegaron las bodas, los bautizos, las comuniones y las despedidas de soltera/o. Todas a la vez, concesión tras concesión. El nuevo Balneario, como se conoce este lugar ubicado a mitad de camino del paseo marítimo que une la ciudad con la zona Este del popular barrio de Pedregalejo, no es aconsejable los fines de semana, ni los días festivos, menos aún en hora punta. Pero no deja de ser un sitio para descubrir cualquier otro día de la semana, a cualquier hora, en cualquier época del año, al amanecer o al atardecer. Toda una experiencia de ocio sensorial que cumple cien años. Esperemos que la rehabilitación prevista no termine con su encanto.

EL PAÍS