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Salud
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29 agosto, 2018

Los que admiten que no hacen lo suficiente

Los representantes de los Gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y organismos de las Naciones Unidas suelen llevar a las reuniones en la ONU un guion bien preparado para transmitir el buen trabajo realizado y las tareas pendientes. "Tenemos que..." es una de las muletillas que más se repiten en estos encuentros, como el Foro Político de Alto Nivel en Nueva York, en el que se evalúan anualmente los progresos en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En la cita que organizó la misión de Irlanda en el marco de este foro el pasado julio ocurrió algo distinto de lo habitual: los asistentes reconocieron uno por uno que los esfuerzos para garantizar la educación y salud de las niñas no son suficientes.

"No he venido aquí a contar una historia triste", comenzó el moderador Mohamed Sidibay, de 25 años. Podría haberlo hecho. Este activista defensor del derecho a la educación quedó huérfano durante la guerra civil en Sierra Leona. No solo fue testigo de cómo asesinaron a su familia con cinco años, sino que fue obligado a combatir. Cuando el conflicto finalizó, su comunidad le rechazó. Tras recibir apoyo de una ONG, con 14, fue invitado a impartir unas charlas sobre su experiencia como niño soldado en universidades estadounidenses. Cuando le tocaba volver, se negó a embarcar en su vuelo y decidió permanecer en EE UU para comenzar una nueva vida y trabajar para mejorar la de otros. "La mía es una historia sobre hacer lo suficiente. La pregunta es si todos pueden decir lo mismo", agregó. Los panelistas no pudieron responder que ellos también.

Esta reflexión marcó todas las intervenciones en el debate organizado en Nueva York por la misión permanente de Irlanda ante la ONU junto con el Gobierno noruego, el Fondo Global contra la tuberculosis, el VIH y la malaria y la Alianza Global por la Educación. El tema a tratar: la relación entre la educación de las niñas y la mejora de la salud de la población, especialmente en la prevención de enfermedades infecciosas. Este reto tiene que ver, al menos, con tres de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible: el número 3.3 —para 2030, poner fin a las epidemias del sidatuberculosis y malaria—, el 4.1 —que todos los niños tengan una enseñanza primaria y secundaria completa, gratuita, equitativa y de calidad que produzca resultados de aprendizaje pertinentes y efectivos— y el 5 que llama a poner fin a todas las formas de discriminación que sufren las niñas y las mujeres.

Numerosos estudios demuestran que garantizar a las niñas el acceso a una formación de calidad tiene un impacto positivo en su salud y la de su comunidad. Y viceversa. Así lo remarcó Alice Albright, directora ejecutiva del Global Partnership for Education (alianza global por la educación). "Cuando la salud está en riesgo, también lo están los resultados educativos; cuando las niñas acuden a la escuela, el matrimonio infantil, los embarazos adolescentes, el VIH y la violencia sexual descienden", anotó. Permanecer en las aulas reduce las posibilidades de que las crías mantengan relaciones no seguras pues, cuando se casan, los maridos las obligan y ellas no tienen apenas poder de decisión sobre el uso de preservativo, lo que aumenta el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual. Además, los partos durante la adolescencia, en caso de quedar embarazadas, ponen en peligro la vida de las madres.

"La educación, particularmente para las niñas, tiene el potencial de aportar a los jóvenes el conocimiento, actitudes y habilidades necesarias para reducir su riesgo. Datos comparados entre países y regiones, y desglosados por niveles de formación, muestran que los jóvenes con niveles más altos tienen mayor conocimiento sobre el VIH-sida y las formas para evitar el contagio", apunta un informe de Unicef al respecto. Sin embargo, a escala mundial, alrededor de siete de cada 10 niñas adolescentes y mujeres de entre 19 y 24 años no tienen conocimiento del virus, alerta Onusida.

Los cuantiosos datos que se mencionaron en el debate prueban estas afirmaciones y dan cuenta de que hay problemas que no se pueden resolver desde un solo flanco. Las mujeres representan más de la mitad de quienes viven con el VIH en todo el mundo; y las más jóvenes (10-24 años) tienen el doble de probabilidades de contagiarse que los hombres de la misma edad. "En algunos países, el 70% u 80% de las nuevas infecciones se dan entre niñas y mujeres jóvenes. Esto tiene relación con la falta de información, porque dejan la escuela y se casan pronto", aseguró Marijke Wijnroks, directora ejecutiva adjunta del Fondo Global. 

"Estuve recientemente en Sudáfrica y la envergadura del problema es enorme. Hay que dar educación sexual cuando tienen 10 años, no 15, aunque haya gente que piense que a esa edad es suficiente", sugirió Wijnroks. La organización de Albright trabaja en este sentido, según explicó, y entre sus actuaciones está la de introducir programas de salud en los sistemas educativos. "Es un primer paso. ¿Es suficiente? No", reconoció la directora de la Global Partnership for Education. 

Para Wijnroks, sin embargo, el verdadero problema es que abordar la educación de las niñas y erradicar prácticas nocivas para su salud como el matrimonio infantil "no es una prioridad". Pese a los avances en estos capítulos, cada día, 41.000 niñas se casan sin haber cumplido los 18 años; 15  millones al año. Y en África subsahariana, el porcentaje de niñas no escolarizadas es mayor que el de varones: por cada 100 niños en edad de primaria no escolarizados, hay 123 crías. Estos son factores determinantes en la ralentización de la lucha contra el sida, expusieron los expertos en el encuentro. "Las nuevas infecciones de VIH no decaen al ritmo que deberían", advirtió la directora del Fondo Global.

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