Sábado, 22 de Septiembre del 2018. Guayaquil, Ecuador
Emprendedores
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26 julio, 2018

Leyendas y comidas, en un menú exótico

En un terreno que heredó de sus padres, José Velásquez Cahuasquí decidió instalar el Restaurante Museo Tuparina Wasi (Casa de Encuentro, en español).

El establecimiento se encuentra situado en la comuna Pucará Alto, en Otavalo. Tiene una vista privilegiada del lago San Pablo y del volcán Imbabura.

Además, a unos 200 metros está El Lechero, un árbol considerado sagrado por los descendientes del pueblo kichwa Otavalo.

La vecindad con el mítico macizo, que es visitado por turistas nacionales y extranjeros, impulsó la apertura de este emprendimiento turístico familiar.

Al principio se pensó en instalar una pequeña cafetería, que a más de la venta de bebidas y bocadillos, funcione como un centro de información para los visitantes, explica Velásquez. El proyecto se transformó en un amplio restaurante, que está decorado con elementos de varias culturas de América. La segunda planta, construida en forma de la chakana, ofrece una vista panorámica de 360 grados.

La iniciativa tuvo el respaldo de Nancy Bonilla, esposa del ideólogo del proyecto. La dos son médicos de profesión. Velásquez es especialista en oncología y Bonilla en dermatología. Sin embargo, el proyecto surgió con el objetivo de generar fuentes de empleo para la familia. En el negocio colaboran las seis hermanas del emprendedor.

Pero, además buscan revalorizar la cultura indígena local. Lo principal, señala Bonilla, es rescatar la parte cultural y religiosa de El Lechero, que en los últimos años ha sido distorsionada.

El lugar representa el cementerio de los Awka Wawa (niños limbo), que fallecieron sin tener un nombre. También se cree que en épocas prehispánicas fue un gran observatorio astrológico. Los viajeros que visitan el establecimiento pueden escuchar historias y leyendas de los volcanes que rodean al mirador natural. En los solsticios y equinoccios también participan en rituales.

Para construir este sitio turístico apelaron a dos créditos bancarios de USD 15 000 y 16 000. El resto provino de ahorros de los esposos. Hasta hoy calculan que han invertido USD 50 000 en la construcción y el equipamiento del restaurante.

El sitio se especializa en la gastronomía andina, con un toque de esta parcialidad Otavalo. A diferencia de otras localidades vecinas, en donde la fritada va acompañada de maíz tostado, mote y papas, en Tuparina Wasi va con choclo, habas, y mellocos.

También hay caldos de gallina de campo y cuy asado. Otro eje de esta iniciativa es apoyar a los campesinos de esta localidad, mediante la compran de productos.

La idea es que la oferta gastronómica complazca tanto al paladar del turista nacional,a sí como del visitante extranjero. Éstos últimos prefieren platillos como carne o pollo salteados con vegetales.

Por temporada ofrecen la chicha de maíz, que se elabora para celebrar el Inti Raymi o Fiesta del Sol. Y bajo pedido se prepara la misma bebida con frutas. También hay cócteles exóticos como el canelazo Pucará, que es producido con aguardiente de caña de azúcar, limón y canela.

Uno de los detalles que cuidan mucho es que los precios sean módicos. El valor de un plato a la carta fluctúa entre USD 4 y 4,50. Un cuy entero cuesta 15 y la mitad 7,50. Las porciones de choclo, habas y queso USD 2,50.

La idea es que los aventureros retornen o que recomiende a otros viajeros, asegura Velásquez. Está contento porque cuando llegan visitantes, especialmente foráneos, quedan fascinados con las historias que narra.

Así ocurrió con las francesas Carla Turban e Iena Yatzee, que arribaron al sitio guiadas por un mapa en Internet. El paisaje del centro lacustre y de las verdes montañas cautivaron a las galas.

Con la publicidad de boca a boca, el Restaurante Museo Tuparina Wasi se ha dado a conocer. También se apoya en redes sociales. Recientemente participaron en la Expo Imbabura, en Quito.

RL