Lunes, 16 de Julio del 2018. Guayaquil, Ecuador
Salud
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11 julio, 2018

La depresión, un modo de rebelión ante la sociedad hiperactiva

Cada época –afirma el filósofo coreano Byung-Chul Han- tiene sus enfermedades emblemáticas. En el lejano Medioevo era la peste, la muerte masiva concebida como castigo divino en general. Ahora, según Chan, es la depresión, que acontece por la exigencia de rendimiento absoluto al que estamos sometidos. Quien no puede rendir como se nos exige, se hunde. Es la sociedad del cansancio, de la melancolía que nos aguarda cuando percibimos que no queremos o que no podemos hacer todo aquello a los que nos obliga esta sociedad imperativa y frenética.

Es una apreciación generalista la de Han pero con un sesgo cierto. Rendir todo el tiempo y en todo momento puede implicar el decaimiento, el abismo de la sensación de imposibilidad, del sinsentido de la sociedad de la hiperactividad. La depresión podría concebirse como rebelión frente al sinfín de obligaciones.

Ahora bien, hay otra estrategia que es más cínica: la del exhibicionismo hiperactivo para no hacer nada en realidad. Es el show histriónico de los hiperquinéticos que -en rigor- no concretan nada útil. Es el disfraz de los inútiles, que a veces sacan rédito de esas simulaciones.

Hubo un ejemplo digno de estudio encarnado en la figura del director técnico del equipo argentino de fútbol en éstos días que prodigó una gran histeria y ningún resultado.

De neurosis y mentiras

Hay mentiras piadosas. Y, por oposición, hay otras mentiras que son crueles, concebidas para engañar y dañar. Hay mentiras compartidas por millones, fábulas, alucinaciones colectivas; acontecen cuando sociedades enteras se entregan a los delirios mesiánicos de algún líder de masas y así se hunden. Y hay mentiras banales, la de los arrogantes que venden de sí mismos mucho más de lo que son. La neurosis altanera como espectáculo que sólo conduce al fracaso.

 CLARÍN