Jueves, 20 de Septiembre del 2018. Guayaquil, Ecuador
Opinión
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8 septiembre, 2018

Jugando a los colores

Ing. Antonio Palacios tonypalaciosf@hotmail.com

El Ecuador es un país de grandes contrastes, lo impredecible es lo más predecible, lo blanco es negro, lo negro es blanco, lo rojo es verde, lo verde es rosado y lo rosado es “secret”. Cualquier similitud al hablar de colores es pura coincidencia. Así se desenvuelve nuestro país, representado por cambios de colores que lo asemejan a un insignificante animalito de gran astucia llamado camaleón, éste se pierde en una gran avenida creada y realizada por la madre naturaleza denominada arco iris, dónde los colores pelean entre sí por el dominio del más fuerte; en ella se encuentran parqueados los diferentes políticos para interceptarlo de acuerdo a las conveniencias que determine el mandamás de la agrupación.

Estamos en tiempo de elecciones, el movimiento de las frutas ha empezado, vemos como los partidos nos venden contrataciones que tratando de explicarnos el porqué de su escogimiento lo único que logran es ahogarse en un vaso de agua, aduciendo y cediendo explicaciones del porqué de su arrepentimiento.¿ Acaso después de poco tiempo ese hoy arrepentido no se puede volver arrepentir?, si sucede eso, las palabras sobraran y el viento como soplo divino actuara esfumándolas en el momento oportuno y así los colores volverán a refugiarse en continuas permutaciones de disfraces en noche de brujas.

Difícil es comprender este juego, qué mal sabor dejan en el ambiente estos decepcionantes patriotas, los que sin el menor escrúpulo se convierten en pequeños camaleones. Viene el turno a los blanquitos. Disque salidos del pueblo con nariz refinada y respingada, rompen los colores al pedir el soporte de verdes descoloridos. ¿No existen personas capacitadas? , ¿Qué los llevan a la necesidad de buscar lo mismo de lo mismo?, sólo hay que escuchar y ver a antiguos socios para entender quién es quién, sin embargo los que eran y ya no son, al ser remplazados para los cargos que se creían indispensables, se vuelven terribles enemigos de sus antiguos aliados, sacando a relucir las mismas características del que fue y ya no es. No entiendo a qué hemos llegado, el alcanzar metas políticas hace que lo impredecible sea predecible, que los buenos sean malos y los malos buenos. Pobre mi Ecuador, en qué manos estamos, a dónde iremos o simplemente estaremos creando un Maduro en tierra de bananas.

Como si todo esto fuera poco, tenemos que ver cómo los que fueron quieren ser otra vez amparados en un juego de incertidumbre como carreras de caballos en los que nunca se tiene la certeza del ganador, a menos que se encuentre todo planificado para que el resultado sea el deseado. Ahora todos lo reniegan; los que lo enaltecieron y eran sus compinches ni lo recuerdan y mientras más lejos esté, menos remordimiento tendrá. En la vida hay que ser definido: se es o no se es. No trasladen su desequilibrio a una ciudad que merece seguir adelante.

No sigan jugando con el dolor de un pueblo, menospreciando su inteligencia, burlándose de sus necesidades, haciendo de lo menos común, lo común. Las fotos aguantan todos los colores, abrazos, besos, palabrería. Quedan registrados en los libros de la historia convirtiéndose en verdaderos entes infecciosos que deben ser ejemplo para esa juventud que tiene que cambiar este formato infernal que hemos creado, pensando en la captación de votos para enaltecer egos políticos, sin cercenar ningún esfuerzo para llevarnos al abismo creado y trazado por ellos.

Seguiremos en la carrera del menos malo hasta que los colores se destiñan y terminemos en el fin del arco iris viendo cómo la esperanza se desvanece en la vasija otrora llena de riquezas que determinan su final.