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10 septiembre, 2018

Jane Fonda: “He llegado a no sentirme real”

Puede que la película más arriesgada de Jane Fonda haya sido La juventud y no por la envergadura del papel, sino porque la alegoría de la decadencia que estrenó Paolo Sorrentino en 2015 expone a la actriz en una despiadada faceta crepuscular. Se aviene Fonda a mirar al otro lado del retrato de Dorian Gray y acepta mostrar una coqueta decreptitud, no tan extrema como la de Gloria Swanson (El crespúsculo de los dioses) o la de Bette Davis (Que fue de Baby Jane), pero ilustrativa de un ejercicio de sinceridad en el umbral de los 80 años.

Los cumplió el pasado mes de diciembre con todos los síntomas de un pacto mefistofélico y conservan la actualidad en el documental que estrena HBO el 25 de septiembre en España con la implicación absoluta de la diva. No representa los 80 años y se ha esmerado el maquillaje y la iluminación para edulcorar los atisbos de ancianidad, pero la biografía accidental permite a la propia Jane Fonda rescatarse de su propia confusión: “He llegado a no sentirme real”, confiesa en un pasaje introspectivo de la entrevista. Y reconoce que la única manera de afrontar el último acto de su vida consiste en saber quién ha sido ella en los anteriores porque no está segura.

La estructura teatral, mixtificación de la vida y de la obra, se describe en el enunciado del documental con esfuerzo cartesiano: Jane Fonda en cinco actos, aunque la pentalogía alude en realidad a todas las existencias reales, imaginarias, ajenas y propias que ha explorado la hija de Henry Fonda. Una actriz carismática y pluricondecorada —dos Oscar, cuatro Globos de Oro—, un mito sexual transgeneracional, una activista política, una feminista enconada, una mujer emancipada y superviviente, incluso una madrina del aerobic en la estética ochentera de los calentadores.

Puede entenderse así que el arcano de Jane Fonda necesite no tanto una radiografía de sí misma ni una hagiografía como una biopsia, de tal manera que el documental de HBO aspira a encontrar el camino que lleva de Barbarella a Klute, como si fuera Fonda un personaje inasible al que hemos visto reír (Cómo eliminar a su jefe) o alcoholizarse (A la mañana siguiente) desde una credibilidad que se ha impuesto a las convenciones del tiempo o de las modas.

No le servía su propia versión de los hechos. La tiene recogida en un best seller que repercutió en su talento como escritora —(My life so far, 2005)— y que atribuía a la devoción de Cristo el mérito de haberla transformado. Fonda se describía orgullosa de cómo ha sido y arrepentida de sus errores, pero no le concedía la iniciativa del retrato a una voz exterior con cualidades inquisitivas.

Es el interés que reviste el documental de HBO, sustraerla a su espacio de confort, confrontarla con el criterio de otros protagonistas —Robert Redford, entre ellos— y someterla a una mirada retrospectiva en la que se le aparecen sus tres maridos: Roger VadimTom Hayden y Ted Turner.

“Ninguno de mis matrimonios fue democrático porque se esperaba de mí que fuera de una cierta manera. Tenía que comportarme no tanto como Jane Fonda, sino con la idea que ellos tenían de cómo debía ser Jane Fonda. Tenía que ser perfecta para ser amada”, evoca en el documental, sin miedo a “reconocer” el perfeccionismo de las operaciones quirúgicas.

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