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Emprendedores
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14 mayo, 2018

Esta tienda viste a mujeres de dos pueblos

Los trajes de tonos turquesa y rojo priman en la nueva colección que Warmi Wasy (Casa de la Mujer, en español), sacará al mercado el próximo mes.

La firma, que se especializa en el diseño y confección de ropa tradicional para damas kayambi y karanki, ofrece nuevos diseños, dos veces al año.

El vestuario de las mujeres de estas dos parcialidades es parecido. En los dos casos consta de un anaco plisado, una blusa bordada, un chal, sombrero y alpargatas. Sin embargo, el bordado de la camisa karanki tiene un trazado más geométrico que la otra.

La próxima presentación de los nuevos estilos coincide con la proximidad del Inti Raymi (Fiesta del Sol), que celebran en junio los pueblos de la zona andina.

Esta es una de las épocas que se registra mayor cantidad de ventas. La otra es en Navidad, asegura la propietaria Esther Tambi.

El taller y el almacén funcionan, desde hace 13 años, en la parroquia González Suárez, en Otavalo (Imbabura). La artesana, oriunda de la comunidad karanki de La Magdalena, es la líder de este emprendimiento familiar.

Tambi labora junto a sus hijas Sofía, que se encarga de los diseños, y Sandy Paola, de la administración de esta boutique étnica.

La matrona lleva la mayoría de sus 45 años entre telas, tijeras, hilos y agujas. Aprendió los secretos del bordado de su madre, Mercedes Molina, que es la matriarca de tres generaciones de hábiles cosedoras. Seis de sus ocho hijas se dedican a este arte.

Antes de instalar Warmi Wasy, Esther Tambi confeccionaba las faldas plisadas, que son más conocidas como centros, y blusas bordadas, para otros almacenes. Sin embargo, seis años después decidió abrir su propia tienda.

La microempresaria recuerda que su primera máquina de coser era casera. Con ella labraba los dibujos de flores, animales, soles, con el apoyo de un tambor.

Poco a poco, el taller se fue modernizando. Ahora posee dos máquinas bordadoras computarizadas profesionales, de nueve hilos, y otras dos semiprofesionales, de seis. También hay artefactos de costura recta y overlock.

Otra de las innovaciones está en la línea de armado de ropa. Con el transcurso de los años aprendieron a satisfacer los gustos de sus clientes. La mujer karanki viste con adornos inspirados en la naturaleza, la kayambi prefiere íconos andinos. Hoy, una de las más solicitadas, especialmente entre las jóvenes, es la chacana bordada. La cruz andina se luce en el cuello de las blusas con aya humas, soles, explica Sandy Paola Tocagón.

Todos esos cambios les ha permitido crecer. Ahora, a más del centro y camisas, ofrecen finas chalinas, alpargatas y hualcas, como se denomina a los collares de mullos dorados. Los diseños diferentes y la atención cálida es lo que más agrada a Margarita Quilumbaquín, una cliente frecuente. Por un último traje, que se compone de una falda y una blusa bordada a máquina, canceló USD 150.

El taller garantiza el trabajo a las tres emprendedoras y una asistente. Además, cuentan con siete colaboradores externos que se encargan de las tareas de armado, bordado manual y planchado. 

RL