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Salud
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12 junio, 2018

¿Doctor, qué puedo hacer para envejecer sin achaques?

“Sentirnos jóvenes cuando somos viejos es como sentirse viejo cuando se es joven. Mal rollo. Desde luego no sería la mejor definición de envejecer adecuadamente”, afirma entre risas el doctor Andrés Vázquez, gerontólogo clínico, expresidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría y experto en envejecimiento saludable, para el que lo ideal es sentirse en función de la edad que uno tenga, pero siempre, eso sí, “con las mejores condiciones físicas, psicológicas y, fundamentalmente, relacionales”.

Su opinión la comparte la psicóloga Ángeles García Antón, secretaria general de la Fundación Envejecimiento y Salud de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, que considera que hay que sentir la etapa de la vejez como “una oportunidad que ofrece la vida” y, en función de ello, convertirla en una etapa “dinámica, creativa y saludable”, sabiendo que aún se está a tiempo de adquirir nuevos conocimientos, experiencias y valores siempre que se cuide “el interés por vivir” y se mantenga “una actitud positiva”.

No hay necesidad alguna, por tanto, de sentirse joven, pero sí al menos de sentirse tan joven como marca la fecha de nacimiento del carné de identidad. Un aspecto, este último, en el que desempeñan un papel muy importante la salud y los hábitos que se han ido desarrollando a lo largo de la vida, que en muchos casos marcan la diferencia entre una vejez plena y otra llena de achaques.

Comer mejor para envejecer mejor

Según el dietista-nutricionista Julio Basulto, autor entre otros libros de Más vegetales, menos animales (Editorial DeBolsillo), llevar una alimentación saludable puede contribuir a largo plazo, llegada la vejez, a hacernos sentir mejor y a “dar vida a los años”: “Se sabe que a partir de los 65 años la mayor parte de los europeos vivimos en un cuerpo achacoso y que eso no sucedería si siguiésemos un buen estilo de vida, lo que incluye una buena alimentación. En un país como España vivimos 85 años de media, lo que significa que estamos dos décadas viviendo dentro de un cuerpo que no funciona bien”.

¿Cómo debería ser una alimentación para vivir más y mejor?, le preguntamos. “Más vegetales, menos animales y pocos o ningún cárnico procesado, alimento superfluo o alcohol, que ni siquiera es un alimento”, afirma. Lo que vendría a ser la dieta mediterránea de toda la vida, Patrimonio de la Humanidad en peligro de extinción, aunque Basulto reniegue del concepto porque tiene la sensación de que de unos años a esta parte ha sido “vendido al lobby del vino”. Por eso, añade, prefiere hablar de una dieta “basada en alimentos de origen vegetal poco procesados”, acompañada de ejercicio físico y en la que no falte la socialización, el hábito de comer en familia alrededor de la mesa. “Diferentes estudios hechos en poblaciones longevas señalan la importancia de estos hábitos”, explica.

Deporte adaptado a la edad

Hace un par de años el pequeño pueblo de Acciaroli, en el sur de Italia, saltaba a la fama al saberse que un grupo de investigadores italianos y estadounidenses estudiaban el secreto de la longevidad de su población, donde uno de cada diez habitantes tenía más de cien años. No había ningún milagro. La alimentación saludable, la genética, la vida social y al aire libre y el ejercicio físico explicaba en gran medida el sorprendente dato.

“Mediante el ejercicio físico no solo se ayuda a nuestro cuerpo, sino también a nuestra mente. El ejercicio físico, es una importante fuente de salud, nos permite descubrir nuevas capacidades, nos ayuda a sentirnos mejor, aumenta el deseo de vivir y es una excusa para salir de casa y relacionarnos”, apunta Ángeles García Antón. “Esto no se ha inventado de la noche a la mañana, no es una receta mágica, es un proceso vital que debería empezar ya en la juventud o incluso en el colegio”, añade por su parte Andrés Vázquez.

Cuidar el cerebro

Pero no solo la alimentación y el ejercicio físico permiten enlentecer el envejecimiento del cerebro y, con él, el de nuestro organismo. Para Francisco Mora Teruel también son importantes todas aquellas actividades que nos obligan a aprender y a memorizar cosas nuevas, ya que estas “aumentan los contactos de las neuronas en el cerebro, aumentan la reserva cognitiva e incluso te hacen refractario al padecimiento de determinadas enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer o cualquier tipo de demencia”. En ese sentido, pone como ejemplo aprender a tocar un instrumento, inscribirse a clases para dominar un nuevo idioma o viajar: “Tocar un instrumento cambia el cerebro para bien. Lo cambia en su física, en su química, en su fisiología, en su morfología. Y viajar también es una gran actividad porque haces ejercicio físico, ya que viajar es andar; pero viajar también es tener percepciones nuevas, es aprender cosas nuevas, y eso implica cambiar para bien el cerebro, porque aprendes y memorizas”.

El País