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Salud
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14 febrero, 2018

Deporte y amigos: una dupla ganadora para vivir más y mejor

Hacer ejercicio cinco veces a la semana y relacionarnos socialmente traen beneficios para la salud.

Las cremas antienvejecimiento, lociones, pociones, cristales y hechizos mágicos aún no han conseguido detener el paso del tiempo sobre el cuerpo humano, pero los científicos han descubierto algunas formas para ayudarnos a vivir más años y con mayor calidad de vida, como concluyen tres investigaciones de la universidad Brigham Young (BYU), de Utah (Estados Unidos).

Uno de los estudios de la BYU (www.byu.edu) analizó los datos de casi 6.000 adultos de entre 20 y 84 años de edad, revelando que es posible que pueda ralentizarse un tipo de envejecimiento, el que ocurre dentro de las células, ¡siempre que uno esté dispuesto a sudar!, señala la universidad.

“Solo porque uno tenga 40 años no significa que se tengan 40 años biológicamente. Todos conocemos personas que parecen más jóvenes que su edad real. Cuanto más físicamente activos somos, menos envejecimiento biológico tiene lugar en nuestros cuerpos”, explica el profesor de Ciencias del Ejercicio Larry Tucker, autor de esta investigación.

Su estudio revela que las personas que tienen niveles de actividad física altos tienen unos telómeros significativamente más largos que quienes tienen estilos de vida sedentarios, así como aquellos que son moderadamente activos.

Los telómeros son unas cubiertas protectoras o ‘fundas’ situadas en las terminaciones de nuestros cromosomas, son como nuestro reloj biológico y están extremadamente correlacionados con la edad. Cada vez que una célula se replica perdemos un poco de estas ‘fundas’ terminales. Por lo tanto, cuánto más viejos somos, más cortos son nuestros telómeros, según la BYU.

El profesor Tucker ha descubierto que los adultos con altos niveles de actividad física tienen una ventaja biológica de nueve años, en términos de envejecimiento, comparados con los que son sedentarios, y una ventaja de siete años en comparación con aquellos que son moderadamente activos.

En otras palabras: los niveles altos de ejercicio equivalen a tener entre siete y nueve años menos de envejecimiento a nivel celular.

Tucker explica que ser “muy activo” significa, en el caso de las mujeres, realizar 30 minutos de ‘jogging’ (trote) cinco días a la semana; y en el caso de los hombres, 40 minutos por día.

Otro estudio de la BYU ha encontrado que el aislamiento es un factor de riesgo para la salud a todas las edades y sugiere que la salud pública debería comenzar a hablar más seriamente sobre nuestras relaciones e incluso incorporar una nueva prescripción para vivir más tiempo: que pasemos solos menos tiempo.

Esta investigación, que analizó datos de una variedad de estudios de salud que incluyen a más de 3 millones de participantes, muestra que la soledad y el aislamiento social son una amenaza para la longevidad comparable a la que representa la obesidad.

“Algunos pueden estar rodeados de personas y sentirse solos, y otros pueden aislarse porque prefieren estar solos, pero el efecto de esos dos escenarios sobre la longevidad es muy similar”, según Julianne Holt-Lunstad, profesora de Psicología y Neurociencia en la BYU y autora principal del estudio, junto con Tim Smith, profesor del Departamento de Asesoramiento Psicológico y Educación Especial de la BYU.

El aislamiento social es un factor predictor de la muerte prematura en las poblaciones menores de 65 años, según los autores. La buena noticia es que la revolución en las comunicaciones que ha supuesto internet, y gracias a la cual ya no hay barreras para comunicarse con quien uno quiera, puede ayudar más de lo que la gente comúnmente piensa, pues si bien la superficialidad de algunas experiencias ‘en línea’ no compite con la profundidad emocional del contacto en persona, “decir algo dulce o amable por escrito es universalmente beneficioso”, según los autores.

La profesora Holt-Lunstad propone a las autoridades sanitarias diseñar una guía de directrices para las relaciones sociales, similar a las que ya existen para la alimentación y el ejercicio físico, y en la que se tengan en cuenta, no solo el tamaño de nuestra red social y la frecuencia con la que interactuamos con las personas, sino también la calidad de esas relaciones.

Para ella, así como a los niños se les educa en la importancia de hacer ejercicio y tener una dieta saludable, también deberían tener una clase de ‘conexiones sociales saludables’. Y para el caso de los adultos, añade, lo ideal sería que este tema se abordara en la conversación entre paciente y el médico de cabecera, quien debería estar capacitado para proponer medidas para prevenir el aislamiento social e identificar a quienes están en riesgo de sufrirlo antes de que el problema se agrave.

Una investigación anterior de los profesores de la BYU Holt-Lunstad y Smith ha encontrado que las conexiones sociales con amigos, familiares, vecinos o compañeros de trabajo mejoran nuestras probabilidades de supervivencia en un 50 por ciento, y que la soledad es un factor de riesgo para la salud, comparable a fumar 15 cigarrillos diarios, ser alcohólico o no hacer ejercicio.

RICARDO SEGURA EFE Reportajes