Sábado, 18 de Agosto del 2018. Guayaquil, Ecuador
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6 junio, 2018

Cine y literatura: sus dos mundos inseparables

Escena 1: Quito, década de 1970. Mariana Andrade, una adolescente de cuerpo menudo que estudia en un colegio de monjas espera con ansiedad que comience la clase de Sor Violeta, la mujer que le inculcó su amor por la literatura. La lectura de ese día está dedicada a ‘La Tigra’, uno de los cuentos más famosos del escritor José de la Cuadra.

Cuando Andrade, dueña del cine OchoyMedio ubicado en el barrio La Floresta, era adolescente sus lecturas estuvieron vinculadas a las amistades que la rodeaban, jóvenes de clase media con ideas de izquierda. A más de los escritores ecuatorianos que fueron parte del realismo social leía al nicaragüense Ernesto Cardenal, al peruano César Vallejo y al poeta español Miguel Hernández. Cuando ‘La montaña es algo más que una inmensa estepa verde’, el libro de Omar Cabezas, llegó a sus manos creía en el comunismo.

Escena 2: Quito, finales de los 80. Mariana Andrade trabaja en la producción de La Tigra, película dirigida por Camilo Luzuriaga. Por esos años comienza a vincular a la literatura con el cine, dos mundos, que tiempo después, se convertirán en el epicentro de su trabajo. Ella y su mundo literario deciden ‘saltar’ el Muro de Berlín.

Una de las cosas que más seducen a Andrade es descubrir que muchas de las películas que ve en el cine son adaptaciones de libros o hacen referencia a autores que a ella le llaman la atención. Lee mucho a Stanley Kubrikc. El director del Resplandor, 2001: una odisea del espacio y La naranja mecánica la atrapa por su capacidad de trasgresión con todo lo establecido en el mundo del cine y por su renovada propuesta audiovisual.

Escena 3: Quito, mayo del 2018. Mariana Andrade está sentada en una pequeña oficina que está ubicada arriba del cine que ella dirige. Confiesa que una de las películas que ama es ‘Partículas elementales’ y que después de descubrir que es una adaptación de una obra literaria corrió a leer el libro escrito por Michel Houellebecq.

A Andrade ese libro la perturba por su dura descripción de la descomposición de las relaciones humanas en el mundo actual. “Me gusta por polémico e irreverente. También por el manejo del humor sarcástico, la visualidad de sus textos y porque sus libros no compiten con las adaptaciones”.

Después de leer ‘Partículas elementales’ siguió con ‘Plataforma’ y ‘Sumisión’. Lo de ahora es Haruki Murakami de quien ha leído ‘Después del terremoto’ y ‘Baila, baila, baila’. Lo siguiente será IQ84, una de las últimas novelas del escritor japonés.

Escena 4: Después de un ‘fade out’ aparece una imagen de la pequeña biblioteca que Mariana Andrade tiene en su oficina, hay una más grande en su casa, en ella aparece su colección de cine de la editorial Taschen.

Estos tesoros literarios se han convertido en una fuente de consulta constante para sus trabajos de investigación. Uno de sus sueños es que algún director ecuatoriano se arriesgue a realizar una adaptación de ‘Poso Wells’, una de las novelas más populares de Gabriela Alemán. En lo personal su tarea pendiente es enfrascarse en la lectura de la escritora guayaquileña Mónica Ojeda.

RL