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Emprendedores
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21 agosto, 2018

El chef en casa: tienen 24 años y crearon una línea de platos gourmet que le compite al delivery

La vorágine del día y las exigencias de un buen paladar se vuelven, muchas veces, incompatibles. En la pulseada, prima el cansancio y con él los malos hábitos ante preguntas recurrentes e inevitables como: "¿Qué comemos hoy?".

El resultado es casi un presagio. Cuando cae la noche, el "síndrome" delivery, las comidas recalentadas o los congelados con sabor uniforme compiten en hogares y heladeras de los argentinos y vencen a la cocina, al tiempo y a su mala prensa.

Atrapados en esta misma disyuntiva, dos veinteañeros empleados en empresas multinacionales afrontaron el reto de la propia rutina y encontraron una alternativa difícil de abandonar: una línea de comidas gourmet y envasadas al vacío, listas en 15 minutos en agua hirviendo.

"Nos dimos cuenta de que no éramos los únicos que vivíamos acelerados, a mil, y nos preguntábamos a diario qué comer. Desde el principio, buscamos ofrecer una solución y que se nos viera como la carta de un restaurante pero en el freezer", cuenta Tomas Iakub, co-fundador de Simpleat, una marca que desafió al mercado en apenas unos meses y ya tiene miles de seguidores.

Un chef en casa

Con una inversión inicial de 85.000 dólares y un modelo innovador, Simpleat se convirtió en un proyecto que les permitió a sus creadores destinar horas libres al descanso, deporte y amigos, y les dio en simultáneo la chance de comer berenjenas a la parmesana, pollo oriental a la naranja, sopa de zanahorias y curry o vacío con cremoso de papa, entre otras propuestas, a un precio accesible (cada plato en promedio ronda los 120 pesos).

La idea se gestó a fines de diciembre de 2015 en los cerebros de dos jóvenes emprendedores: un licenciado en Economía Empresarial de la Universidad Torcuato Di Tella y exempleado de una conocida cervecería, y su socio, Kenneth Sly, graduado en Administración de Empresas de la Universidad San Andrés y exejecutivo de una importante consultora. Sin embargo, tomó forma definitiva dos años después y desde allí hoy traza su futuro.

Al principio el cliente seleccionaba los platos en una plataforma on line y, finalizada la compra, llegaba a su casa una caja con los ingredientes necesarios para armarlos. El concepto era: "Nosotros te mandamos todo y vos cocinás", recuerda Tomás, enfocado en la gestión de ventas y marketing del negocio.

Tiempo después un estudio de mercado y el feedback sincero de familiares los llevó a cambiar la perspectiva y simplificar aún más los procesos. "Si intentábamos crear una solución para todos los días, la experiencia de cocción tenía que ser fácil y la gente tenía que pensar lo menos posible. Fue ahí cuando decidimos lanzar los productos congelados y logramos dar en la tecla", subraya.

Sin dudas, en la concepción del producto un paso clave fue el de contratar a una chef ejecutiva para diseñar los menúes y encontrar así la combinación perfecta entre la carne, el pollo y el pescado con sus acompañamientos, porque la premisa que recorrió siempre este proyecto fue que lo que hicieran tenía que rico y sabroso. Más tarde, incorporaron al equipo a una gerenta de felicidad, análoga a la figura de consumer centric de empresas tipo Amazon, cuya función es literalmente garantizar que el consumidor esté feliz con la experiencia y manejar los contratiempos.

La última instancia, tal vez la más complicada de resolver, se centró en la técnica y la respuesta vino de Europa. Enseguida, adoptaron el sous-vide o la cocción al vacío, un método francés con amplia trayectoria en el exterior y que en países como la Argentina recién empieza a implementarse. El éxito descansa en una ecuación entre tiempo y temperatura, que permite que aquello que se cocine, no se evapore y se preserven sus condimentos naturales, como ocurre con la bondiola con salsa teriyaki -una de las especialidades más solicitadas- en la que la cocción demora 12 horas en el centro de producción y sólo 15 minutos en la casa del cliente.

"La comida es congelada pero natural gracias a esta técnica. No tiene conservantes, ni ningún aditivo. Lo que más se valora es precisamente que la comida tenga gusto y que uno pueda alimentarse mejor", aseguran desde Simpleat.

LN