Sábado, 22 de Septiembre del 2018. Guayaquil, Ecuador
Salud
La enfermera cubana Niurka Aguilar de la Paz tiene fotos de su hija Maylin Pérez Aguilar, quien sobrevivió más de tres semanas perdida en el mar mientras intentaba llegar a Honduras en un bote improvisado, con el objetivo de continuar por tierra a Estados Unidos.(Reuters)

La enfermera cubana Niurka Aguilar de la Paz tiene fotos de su hija Maylin Pérez Aguilar, quien sobrevivió más de tres semanas perdida en el mar mientras intentaba llegar a Honduras en un bote improvisado, con el objetivo de continuar por tierra a Estados Unidos.(Reuters)

20 septiembre, 2014

Cada vez más jóvenes abandonan Cuba, familiares lloran a los muertos en el mar

Residentes de Manzanillo, donde comenzó la peor tragedia de una embarcación cubana desde la del remolcador 13 de marzo, aseguran que muchos jóvenes no ven futuro.

 

CUBA. Cuando abordó el rústico bote casero junto a otros 31 cubanos el mes pasado, Miguel López Maldonado cargaba con solo 18 años y la decisión de abandonar este tranquilo pueblo de pescadores en el sureste de la isla en busca de otro futuro en Estados Unidos.

Pero el motor del bote se rompió un par de días después, dejando a la embarcación al garete por tres semanas. Uno a uno los pasajeros fueron muriendo de sed y los que sobrevivieron no tuvieron más opción que tirar los cadáveres por la borda.

Para cuando fueron localizados por la marina mexicana a unos 240 kilómetros de Puerto Progreso, en la Península de Yucatán, 15 -incluyendo a López Maldonado- habían muerto. De los 17 rescatados, dos fallecieron más tarde en un hospital de México.

Los padres de Maldonado no entienden por qué su hijo decidió partir. Pero otros habitantes del pueblo aseguran que muchos jóvenes no ven futuro en la economía manejada por el Estado, que desde hace medio siglo sufre un embargo de Estados Unidos y donde las oportunidades en el sector privado son muy limitadas.

"No sé si nosotros somos conformistas y nos hemos conformado con lo que tenemos (...) Desde que tenía 15 años mi hijo quería irse de Cuba, no quería vivir en este país", dijo quebrado en llanto Miguel López Vega, padre del joven, sentado en la sala de su cómoda casa mientras vecinos desfilaban en silencio.

La tragedia, el peor desastre de una embarcación cubana en dos décadas, es parte de un creciente éxodo ilegal desde el este de Cuba que podría poner a prueba las espinosas relaciones migratorias entre la isla y Estados Unidos.

Cuba dice que la política de Washington fomenta los viajes ilegales al asegurarle a los cubanos un derecho especial en sus fronteras que no es concedido a ninguna otra nacionalidad: si llegan a suelo estadounidense pueden permanecer en el país, los que son interceptados en el camino son devueltos a la isla.

Las autoridades de Estados Unidos reportaron que 14.000 cubanos llegaron sin visas hasta la frontera con México en los últimos 11 meses, la mayor cantidad en una década. El viaje desesperado que terminó mal no es un caso aislado, dicen los residentes de Manzanillo, un pueblo de casas coloniales con más de 130.000 habitantes en la provincia de Granma que vive de la pesca y de los cultivos de arroz y caña de azúcar.

Los vecinos calculan que cuatro o cinco botes con hasta 30 pasajeros parten de este estrecho infestado de tiburones en las semanas en las que el clima es favorable. Sólo en el último mes, fueron detenidos 31.000 cubanos en el mar por la guardia costera de Estados Unidos, según las autoridades de ese país.

Los viajeros más jóvenes que se treparon al desventurado bote -que tenían entre 16 y 40 años- pagaron el equivalente de entre 400 y 600 dólares cada uno por la travesía de poco más de 1.000 kilómetros. La tarifa incluía la construcción de la embarcación, el combustible y los víveres.

El aumento de cubanos haciéndose a la mar desde varios puntos del país muestra la fragilidad de las reformas económicas ordenadas por el presidente Raúl Castro para legalizar la agricultura independiente y los pequeños negocios, reconstruyendo poco a poco un sector desmantelado por la revolución cubana de 1959.

Joaquín de La Paz, mecánico de un molino de arroz que perdió a dos hijos y dos nietos en la tragedia, dijo que ellos estaban desesperados por los problemas económicos y por las pocas oportunidades en el pueblo, que alguna vez fue un puerto activo que despachaba el azúcar de campos cercanos.

De La Paz, de 62 años, contó que aunque sus hijos trabajaban, una como profesora y el otro como empleado en el Ministerio de Salud, el dinero no les alcanzaba para cubrir sus necesidades.

"Los muchachos están mirando que personas que nunca han tenido ni una bicicleta se van y al año vienen y ven cómo la familia cambia", comentó sosteniendo las fotos de sus familiares fallecidos. "Y yo en 43 años de trabajo no he podido adquirir nada, lo que he podido adquirir es más tristeza y más desgracia para mi familia", sostuvo. (Reuters/La Nación)