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Opinión
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18 junio, 2017

Ángeles de la calle

Diario El Tiempo de Colombia

Elocuentes y aleccionadoras resultan las historias de aquellos hombres y mujeres que se levantan todas las mañanas con una tarea poco envidiable: buscar habitantes de la calle o indigentes –como suelen llamarlos– para convencerlos de una misión casi que imposible: que dejen atrás el vicio y las calles e intenten volver a la vida rehabilitados.

En Bogotá son conocidos como los ‘ángeles azules’. Son más de 300. A la mayoría los anima el único propósito de servir, otros vienen de ese mundo y por tanto tienen credenciales para desempeñar tal responsabilidad.

Hay que reconocer ese esfuerzo, tanto de la Alcaldía como de esta fuerza élite de las calles que soporta insultos, amenazas, agresiones físicas y ve recompensada su labor con un solo gesto de aceptación. Lo demás corre por cuenta de la institucionalidad, para reparar el daño que estos seres se han infligido, y de ellos mismos, para continuar con su recuperación.

La mayoría de los ciudadanos suelen ver a estas personas como causas perdidas, como una amenaza pública. Y ciertamente llegan a serlo cuando su misma condición los lleva a cometer actos delictivos. Pero también, como cualquier otra persona, merecen una oportunidad. Y es la que se les brinda hoy desde la Secretaría de Integración a través de los ‘ángeles azules’.

Aunque no se tiene una cifra consolidada, los cálculos más optimistas hablan de entre 9.000 y 10.000 habitantes de la calle. Todos ellos con historias personales terribles y expuestos permanentemente al maltrato, la violencia, el asesinato y el destierro.

Gracias a la labor emprendida, este año más de 5.000 personas en tales condiciones han conseguido ser atendidas, y un número no despreciable ha sido capacitado en diversos oficios, mientras otro tanto ha aceptado la ayuda oficial, lo cual es el objetivo de aquellos que salen en su búsqueda.

Una búsqueda que debe ser reconocida por la sociedad en su conjunto, máxime cuando nuestras propias cortes impiden que quienes han caído en desgracia sean llevados de forma obligatoria a recibir atención.

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