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22 agosto, 2018

48 horas decisivas para la prueba de paternidad de Julio Iglesias

Los días que restan para que finalice el mes de agosto van a ser decisivos en la batalla judicial que mantiene el valenciano Javier Sánchez, el hijo que presuntamente tuvo Julio Iglesias con la exbailarina portuguesa María Edite Santos, para ser reconocido como vástago biológico del cantante. El abogado de Sánchez, Fernando Osuna, ha confirmado a EL PAÍS que remitirá esta misma semana, “con toda probabilidad el jueves”, al titular del Juzgado de Primera Instancia número 13 de Valencia un escrito formal para instar al afamado intérprete a que se someta a la prueba de paternidad a petición de su cliente.

En caso de negativa, el mismo proceso se repetirá con la citación de los tres hijos mayores de Julio Iglesias -Chábeli, Enrique y Julio José- para que les sea practicada la analítica de ADN que acredite o no los lazos de hermandad. Un no de éstos llevará a la tercera fase del proceso: citar con este mismo fin a Miguel Alejandro y Rodrigo, los dos hijos mayores de edad que el cantante tiene con Miranda Rijnsburger.

El abogado explica que una vez remitido el escrito al juez, éste contactará con el Instituto de Toxicología de Madrid, que será el que fije la fecha para practicarle las pruebas a Julio Iglesias, de vacaciones en España. “Imagino que será para otoño, hacia octubre…”, apunta Osuna.

Con todo, el escenario que se abre para Javier Sánchez, tanto si el séquito de citados reniega de la analítica como si acepta, es del todo “favorable”, explica su letrado. “Creo sinceramente que ninguno vendrá a hacerse las pruebas de ADN. Pero si esto ocurre, tenemos muchas cartas a nuestro favor: los tribunales suelen dar la razón al hijo cuando se niega sin motivo justificado la prueba de paternidad por parte del progenitor”, añade.

El optimismo lo comparte también su cliente y demandante, Javier Sánchez. “Está muy contento: ha visto que genéticamente, desde el punto de vista científico, es hijo de Julio Iglesias”, dice Osuna.

Los plazos que maneja el abogado son que antes de que termine 2018 se celebre el juicio. Una vista que tanto él como su cliente desean. “Tenemos pruebas, y entre ellas la mejor de todas”, dice en alusión a los restos extraídos por el detective sevillano Luis Lara en Miami a Julio José Iglesias de una botella de agua que había abandonado en el aparcamiento de una playa, tras hacer surf, y que contenía restos de ADN. “Dio un porcentaje de hermandad del 99%”, asevera el abogado. Precisamente la demanda de Sánchez fue admitida a trámite en diciembre de 2017 porque iba acompañada del resultado de dicha prueba genética. Incide en que otra “buena prueba” que llevar ante el juez sería “la negativa, tanto de Julio como de sus hijos” a cotejar su ADN con el del joven valenciano para ratificar, o no, sus lazos biológicos.

El trámite pendiente ahora es que el juez resuelva y se decida dónde se va a llevar el caso, “si en Valencia, donde se admitió la demanda, o en Madrid”. “En principio, casi seguro que será en Valencia porque los argumentos esgrimidos para cambiar de juez son débiles”, señala Osuna. Julio Iglesias mantiene que en 1976 -año de nacimiento de Sánchez- cuando vivía en España, tenía su residencia en Madrid, “pero de eso hace ya 40 años. Es el juzgado valenciano el que ha de resolver porque aquí vive Javier Sánchez y la pareja de su madre, que le ha reconocido como su hijo”.

En el auto de admisión a trámite de la demanda, el juez señaló que existía “constancia de que en el mes de julio de 1975, nueve meses antes del nacimiento” de Sánchez, "la madre de este y el demandado coincidieron actuando en una sala de fiestas de la localidad de Sant Feliu de Guíxols, habiéndose publicado en un periódico francés diversas fotografías en que aparecían juntos, solos o en compañía de otros, lo que hace teóricamente factible que entonces hubiesen podido existir relaciones sexuales entre ambos".

Sánchez, hijo de la bailarina portuguesa Edite Santos, ya demandó a Iglesias siendo un adolescente, y un juzgado de Valencia lo declaró hijo del cantante, pero el intérprete de Soy un truhan, soy un señor logró revocar la sentencia en apelación por una cuestión procedimental: no haber recibido personalmente la petición de someterse a la prueba de ADN, que nunca se hizo.

EL PAÍS